Acúfenos

¿Un psicólogo en la Unidad de Acúfenos?

A pesar de que no estéis familiarizados con éste término, os aseguro que todos vosotros sabéis de lo que estamos hablando ya que prácticamente todos hemos tenido acúfenos al menos una vez en la vida durante unos segundos. Acúfenos son esos sonidos que escuchamos a veces sin que exista un estímulo externo, por ejemplo al salir de un lugar ruidoso o con muchas personas hablando alto. Son tan comunes que hay incluso algunas supersticiones en torno a ellos: “Si te pitan los oídos es que están hablando de ti”. Pues bien, a continuación veremos cómo éste fenómeno puede llegar a incapacitar a una persona desde una perspectiva psicológica.

Quien tiene acúfenos o tinnitus los describe como un sonido en los oídos o en un sólo oído, similar a un timbre o silbido, aunque en algunos casos puede ser como un zumbido, un pitido… La ciencia ha definido los acúfenos como la percepción de sonidos en ausencia de estimulación auditiva o eléctrica, y se han clasificado tradicionalmente en objetivos (derivados de una actividad biológica interna) o subjetivos (derivados de una actividad neuronal anormal).

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Desde un punto de vista psicológico podríamos añadir una clasificación más, según la vivencia que tiene la persona del acúfeno: inocuo, molesto o incapacitante. La estadística nos dice que un 80% de las personas que informan de tener acúfenos constantes los definen como inocuos o algo molestos, sin embargo un 5% aproximadamente de éstas personas se encuentran gravemente incapacitadas a causa del acúfeno, ya que informan de problemas de ansiedad, depresión, insomnio… Veamos como la psicología explica el proceso de incapacitación de un acúfeno.

  • ¿Qué los causa?

Existen algunas causas conocidas, el acúfeno no es una enfermedad como tal, sino que se considera un síntoma. Los factores precipitantes conocidos pueden ser algunos fármacos denominados “ototóxicos” que pueden provocar acúfenos a algunas personas, una lesión o infección en el oído, la exposición a sonidos con alto volumen (también se le llama el “mal del músico”), enfermedad de Menière, tumores cerebrales…entre otros. Es por esto que cuando aparecen los acúfenos se debe acudir al especialista para descartar cualquier enfermedad grave que los provoque. Sin embargo, es muy habitual que se desarrolle el acúfeno sin una causa médica objetivable ni tras un acontecimiento directo, en estos casos la persona de pronto se ve sorprendida por un sonido que no cesa.

Una pregunta más útil una vez que aparece el acúfeno y se descarta lo orgánico es ¿qué lo mantiene? Lo cierto es que cómo decía, todos hemos tenido alguna vez acúfenos, incluso cuando escuchas el sonido del corazón al latir, se le denomina acúfeno, entonces…

  • ¿Por qué para algunas personas el acúfeno es tan incapacitante?

Veamos qué factores son los que intervendrían desde un punto de vista psicológico en un proceso prototípico de aparición del acúfeno al que no se adapta la persona:

Cuando aparece una actividad neural relacionada con el acúfeno, y la persona lo detecta, puede encontrarse en un estado emocional de ansiedad, estrés, tristeza o quizás sea una persona normalmente nerviosa, con tendencia a controlar o a preocuparse fácilmente, por lo que la aparición de éste sonido extraño es otra amenaza más, que no puede hacer desaparecer.

  • Primera reacción (Ver entrada): aparece una primera reacción emocional de sorpresa, con cierta activación (inquietud motriz, aceleración del pulso, sensación de nerviosismo, respiración acelerada…) llamaremos a esta la respuesta automática de estrés.
  • Valoración: se valora éste estímulo como amenazante, aunque en un primer momento se piense conscientemente “Bueno, ya se pasará”. El cuerpo y la mente ya se ponen alerta ante este cambio, ya que se considera que los recursos propios para afrontarlo son insuficientes. Ésta sensación de amenaza y descontrol aumenta a medida que los médicos dicen no encontrar una causa orgánica.

Como buen guardián del bienestar lo vigila de cerca, comprueba si ha aumentado de volumen, si sigue ahí, sus características, se lo cuenta a los familiares y médicos y nadie le ofrece una solución, por lo que esta persona se cansa, se frustra, se enfada…

  • Atención, monitoreo e interpretación: (Mira esta entrada) la atención es como un foco, se puede dirigir más o menos donde se quiere, de modo que donde se apunta se distingue con más intensidad y lo de alrededor se va difuminando. Cuando el acúfeno se va convirtiendo en amenaza, se desvían parte de los recursos de nuestra atención a la señal de amenaza y de éste modo se observa, se comprueba, y se magnifica el acúfeno, se le dedican recursos que por desgracia no son ilimitados. Parece lógico que si atiendes al acúfeno constantemente cueste estar concentrado o relajado, si buscas el acúfeno, lo más probable es que lo encuentres y que cada vez sea algo diferente, por lo que la interpretación de esta señal se va haciendo más amenazante y negativa, siendo un estímulo que desencadena emociones negativas.

El acúfeno se convierte en el centro de su vida, comienza a hacerse preguntas incómodas (¿Y si no se pasa?, ¿Y si empeora?, ¿Tendré que estar toda la vida así? ¿Será que me pasa algo realmente malo?) que le provocan emociones cada vez más difíciles de controlar.

  • Pensamientos negativos: según la persona serán de un modo u otro, pero lo habitual es que sean catastróficos (Esto es lo peor que me ha pasado, es insoportable) o muy pesimistas, que no tengan respuestas (¿Y si…?) o que sean totalitarios (Nunca se me pasará, siempre voy a estar mal…)
  • Creencias: la personalidad y las experiencias de cada uno tienen mucha importancia, tanto en el posible origen como mantenimiento del acúfeno; determinan en parte cómo se afronta la amenaza y cuáles son las creencias acerca de la misma (Debo intentar controlar el acúfeno, no controlarlo es peligroso, algo malo está sucediendo y no lo encuentran…)

Éstas emociones alimentan el miedo a que empeore la situación, y abandona actividades que antes le gustaban, evita otras actividades “por si acaso”, empieza a utilizar otros sonidos más fuertes para taparlo… Ahora el acúfeno lo ocupa todo, y cada día la ansiedad se hace más fuerte (claro, no desaparece el maldito silbido), su irritabilidad, la tristeza y el desazón, hacen que ya no quiera hacer tantas cosas como antes, además cuesta dormir (¿Cómo dormir con un sonido constante?) y en el trabajo no se puede concentrar como antes, su atención se dispersa con facilidad. Se producen todos los síntomas y la persona se ve incapacitada en todas las áreas de su vida por el acúfeno.

  • Comportamientos disfuncionales: la evitación de actividades por miedo, las conductas de seguridad (poner música en ciertos momentos, llevar siempre cascos…), el abandono de actividades gratificantes o el uso de sustancias perjudiciales para calmar los nervios. Estos comportamientos hacen que la emoción desagradable aumente y todas las consecuencias que hemos descrito anteriormente vayan a peor, de modo que la persona cada vez tendrá más miedo al acúfeno y tendrá la sensación de que toda la culpa es del mismo.

Así es como un acúfeno se convierte en incapacitante y genera consecuencias como trastornos emocionales, insomnio o problemas de deterioro cognitivo (memoria, concentración, toma de decisiones…). No es cuestión de un día, es un proceso lento en el que la persona no se da cuenta de que está entrando, ya que quizás siempre ha lidiado así con sus problemas y dificultades, y éstas desaparecían o las podía soportar, pero el acúfeno es incontrolable y lo considera insoportable, por más que se intenta cambiar, más agotador llega a ser.

  • ¿Dónde interviene el psicólogo?

El psicólogo puede intervenir sobre el propio acúfeno, sobre las consecuencias del mismo o sobre los mecanismos que lo mantienen y provocan los síntomas.

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  1. Una intervención sobre el acúfeno es la Terapia de Reentrenamiento del Acúfeno, basada en el Modelo de Jastreboff. En ésta el objetivo es lograr eliminar el significado negativo de la señal y que la persona llegue a habituarse. La habituación es un proceso muy común en nuestro día a día, nos habituamos a los sonidos de coches, del tic tac del reloj o al sonido de nuestra propia respiración, esto es lo que se procura llevar a cabo mediante ésta terapia.
  2. Para intervenir sobre las consecuencias del acúfeno se suele utilizar la terapia de tipo farmacológico pautada por un psiquiatra. En el caso del psicólogo se puede intervenir sobre la ansiedad o la depresión si está interfiriendo directamente en un tratamiento médico, sin necesidad de tratar el acúfeno. Ésta terapia está dirigida a los síntomas del acúfeno únicamente.
  3. Por último, las intervenciones cognitivas sobre los mecanismos, trabajan con distintas técnicas que se han visto validadas empíricamente para lograr que la persona aprenda a manejar sus procesos cognitivos y estados emocionales. Se procura flexibilizar la forma de afrontamiento ante el estrés y por supuesto ante acúfeno, a detectar cómo los pensamientos provocan cambios emocionales y corporales que influyen en su acúfeno, y finalmente comprender cómo ha llegado a los niveles de interferencia y lograr mejorarlos. Ésta terapia no se dedica exclusivamente al acúfeno, sino al proceso que hemos visto anteriormente, de modo que se logra que la persona pueda utilizar lo aprendido durante la terapia en otras áreas de su vida, aprendiendo al fin y al cabo a regular de una forma adaptativa sus emociones y cogniciones, llevando a cabo un afrontamiento más flexible de distintas situaciones.
  • Recomendaciones.

En primer lugar acudir al médico de cabecera y al especialista para descartar causas orgánicas y asegurarse de que no hay una enfermedad grave. Se ha comprobado que el mejor tratamiento es conjunto entre los distintos profesionales que sean necesarios (según el caso) en conjunto, como el otorrinolaringólogo, fisioterapeuta, psicólogo, psiquiatra, audiólogo y nutricionista.

Aprende alguna de las técnicas de relajación que existen, la que mejor se adapte a ti, puede ser la respiración diafragmática, la meditación, mindfullnes, relajación de Jacobson… hay mucha variedad de técnicas. Es importante lograr manejar las emociones negativas a nivel fisiológico cuando resultan molestas ya que tienen mucho que ver con el empeoramiento del acúfeno y con las dificultades para afrontar el día a día.

Busca información en las asociaciones de personas con acúfenos, ellos podrán ayudarte para que lo comprendas mejor y compartas experiencias con otras personas.

 

Si tienes la sensación de que no puedes sólo y necesitas una guía o tratamiento, contacta conmigo: 

Cinthya González psicóloga (Madrid).

Contacta e infórmate:

Teléfono: 695 81 12 32

Email: cinthyagongar@gmail.com

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Acúfenos·Sin categoría

Atención y Acúfenos.

A pesar de que en la actualidad aún existe mucha incertidumbre con respecto a los mecanismos neurobiológicos que subyacen al tinnitus, cada vez aumenta la evidencia neurofisiológica y el acuerdo entre los investigadores y profesionales de que existen una serie alteraciones en el funcionamiento del sistema auditivo a nivel central. Siguiendo estas evidencias, se ha encontrado que existe una alteración de la capacidad de manejo atencional en las personas con acúfenos, pero primero:

¿Qué es la atención?

La atención es un proceso a través del cual podemos dirigir nuestros recursos mentales sobre algunos aspectos del medio, los más relevantes, o bien sobre las acciones que consideramos más adecuadas, es decir, es un estado de observación y de alerta que nos permite tomar conciencia de lo que ocurre en nuestro entorno o en nosotros mismos.ç

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Acúfenos y atención

En relación a las personas con acúfenos, la gran mayoría informan de que “no escuchan” el acúfeno en momentos en los que están más entretenidos con amigos o con la familia, trabajando, concentrados… es decir, parece que el acúfeno se “olvida” mientras todos los recursos atencionales se dirigen a otras actividades que requieren de ésta. Se ha investigado por tanto en torno a la capacidad de las personas con y sin acúfenos de dirigir su atención y comprobar si existen diferencias.

Un estudio

Según un estudio de 2014 de la Universidad Católica de Louvain, se encontró que las personas que informaban de tinnitus no tenían dificultades de atención por sí misma, sino que tenían dificultades para dirigir la atención a aquellos estímulos que se les exigía, si no tenían la suficiente intensidad, o presentaban dificultades para inhibir algunas respuestas automáticas que damos las personas frente a las respuestas que se exigían. Esto además no se explicaba por el nivel de ansiedad, depresión o por la sintomatología de insomnio de los participantes, sino que parecía que las personas con acúfenos presentaban un rendimiento menor al resto.

Implicaciones

Esto implica que además de otros procesos de los que hablaremos en nuestra página, la atención ejecutiva, es decir, la controlada por el prefrontal (de arriba a abajo) tiene un importante papel en la capacidad de mejora de la calidad de vida de las personas con tinnitus, y por tanto, es susceptible de entrenamiento por parte de los profesionales de la psicología.

Mantener esta perspectiva científica, que implica la innovación en las terapias cognitivas y auditivas, con técnicas dirigidas a mejorar la autonomía y bienestar de las personas con acúfenos es el objetivo.

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150 palabras

PSICOLOGÍA EN 150 PALABRAS: Modelado

Nos referimos al Modelado como una forma de aprendizaje común en los seres vivos por la que se aprenden conductas mediante la observación de un modelo. Bandura fue quien describió este proceso tras llevar a cabo sus experimentos con el muñeco Bobo: en estos experimentos grabaron a una estudiante golpeando al muñeco mientras gritaba “¡Estúpido!”, a continuación les enseñaron la grabación a unos niños de guardería, y les dejaron jugar con el mismo muñeco; lo que descubrieron fue que los niños repetían el comportamiento de la persona del vídeo. Definieron de esta forma los 4 procesos que componían este aprendizaje: atención a los rasgos significativos del comportamiento del “modelo”, retención o recuerdo de estas conductas, reproducción de las acciones y motivación para repetir el comportamiento según las consecuencias.

Partiendo de esta forma de aprendizaje, se llevan a cabo estos  4 procesos como una técnica muy útil en terapia para adultos y niños, cuando se ha de enseñar, por ejemplo, habilidades sociales, afrontamiento de situaciones temidas o comportamientos adecuados.

 

Colaboraciones

Efecto Pigmalión: la expectativa del entrenador.

Pigmalión se presenta en la obra de “Las Metamorfosis” de Ovidio, en donde se describe a un escultor enamorado de su propia obra, la estatua de una mujer llamada Galatea. Tantos deseos y expectativas puso el escultor en la obra, que terminó por hacerse realidad.

Los primeros psicólogos que describieron el efecto Pigmalion fueron R. Rosenthal y L. Jacobson, que desarrollaron el concepto en su obra “Pygmalion in the Classroom” (1980), donde la conclusión a la que llegaron fue que las expectativas positivas que los maestros proyectan sobre los alumnos condicionan su posterior forma de actuar con ellos. A los alumnos más capacitados, es posible que se les termine por ofrecer más y mayores oportunidades para lograr el éxito. Estos alumnos al ser tratados de este modo responden de acuerdo a ello, lo que confirma las expectativas previas de los profesores.

En términos de liderazgo, el efecto Pigmalión se refiere al poder de las expectativas. Lo que esperamos de los demás (positiva o negativamente) puede condicionar nuestro trato. Un líder no solo debe transmitir conocimientos técnicos, deportivos o académicos, también debe involucrarse de forma activa y protagonista para potenciar a sus deportistas.

Multiple Players Holding Soccer Ball ca. 2001
Multiple Players Holding Soccer Ball ca. 2001

Cuando comienzas a trabajar en un grupo, siempre te relacionas con personas que condicionan, sin maldad, tu visión sobre el equipo. Aunque traten de ayudarte o de ponerte al día, lo cierto es que estás recibiendo una información sesgada, y si terminas por creértela, puedes caer en la profecía autocumplida. Habrás encontrado respuestas acordes a lo que esperabas, pero estarán influenciadas por las expectativas que pusiste en ellas desde el principio, o dicho de otro modo, encontrarás lo que esperas encontrar.

Aquellas personas con juicios de valor y expectativas positivas se orientan hacia las oportunidades y crean en gran medida su suerte. El hecho de imaginar un futuro en el que puedan realizar sus sueños les lleva a invertir tiempo, dinero, esfuerzo, dedicación, constancia, motivación etc. Es esta serie de procesos que cada uno pone en marcha, los que de algún modo, te ponen cara a cara con el éxito.

No es lo que tu equipo tenga, sino lo que puede llegar a tener gracias al apoyo y seguridad que les puedas transmitir. Si te notan “enchufado” en la cancha, habrá más probabilidades de que ese último tiro entre. Si cada jugador se siente parte importante del equipo, todos darán su mejor nivel. Son ejemplos muy claros que tú como entrenador, puedes utilizar para conseguir triunfar, pero debes tener cuidado con el exceso de expectativas, pues hay jugadores que pueden llegar a bloquearse si les exiges algo de lo que se sienten incapaces.

Los estudios demuestran que las expectativas demasiado altas pueden tener efectos negativos sobre los deportistas: provocar la idea de poder decepcionar a otros, de no estar a la altura, puede provocar ansiedad y angustia… Si observas esto en algunos de tus jugadores no insistas. Dialoga con él, dale tu punto de vista, apórtale datos sobre por qué confías en él, ya que un buen razonamiento puede llevarle a modificar su punto de vista.

Para  ponerlo en práctica:

  • Busca en cada uno de los tuyos su potencial.
  • Dile a los tuyos lo que esperas de ellos.
  • Acompaña al contenido de lo que dices de un tono de voz y volumen acordes a  la situación.
  • No insistas en sus errores, aporta alternativas de actuación.
  • Potencia las fortalezas individualmente y en grupo para darles seguridad.
  • Refuerza cada logro con sinceridad.

Carlos Peral: Psicólogo deportivo

Búscale en Twitter: @PsiCarpe

Colaboraciones

Fortaleza Mental: Claves para el deportista

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La “fortaleza mental” es según Jim Loehr, la habilidad para desempeñarse de manera consistente en el rango superior de sus talentos y habilidades sin importar cuales sean las circunstancias competitivas. Es uno de los grandes pilares de trabajo en el colectivo de los deportistas, ya que puede entrar en juego cuando el marcador está en contra o se está viendo superado por sus rivales. Es importante también en la lucha para conseguir el objetivo a largo plazo pues está arraigada a la motivación en una relación directa, en la cual cuando la motivación crece, la fortaleza mental hace lo propio.

Para trabajar nuestra “fortaleza mental”, habremos de trabajar con cuatro aspectos clave:

-AUTODETERMINACIÓN: Para fijarnos un objetivo específico (éste debe ser realista, adecuado al momento y a la situación…). Ej. “Tomarme descansos entre puntos, no arriesgar la bola…”.

-CONCENTRACIÓN: Para que nuestra atención se mantenga hacia ese objetivo que nos hemos planteado. Ej. “Si tu atención se desvía por culpa del ruido que hace el público, recuerda cual es tu objetivo más cercano, y sigue trabajando por él”.

-AUTOCONFIANZA: Para conocer y convencerse de sus capacidades para conseguirlo. Ej.”¡Atrévete a jugarte el último tiro a canasta!”.

-RESILIENCIA: Para sobreponerse y dejar atrás las malas actuaciones o resultados. Ej. “Si pierdes el primer set, acepta tus errores y déjalos atrás”.

El mejor escenario posible en donde poder poner en práctica el trabajo con estos cuatro componentes claves de la “fortaleza mental” es el entrenamiento, ya que es el lugar en donde se reproduce el escenario más parecido posible a una competición. En los entrenamientos, podremos observar si hemos desarrollado nuestra “fortaleza mental” si:

– Se practica la actitud mental positiva todo lo posible, cuando surjan los errores.

-Cuando la motivación por entrenar y competir no se vea afectada en la medida de lo posible.

– Cuando se tenga paciencia en los pasos que preceden a conseguir el objetivo.

– Se demuestre concentración en los objetivos generales propuestos, durante el proceso para conseguirlo.

– Cuando no se compare con los otros competidores, si no que se base en su propia actuación anterior para obtener conclusiones.

– Asume los errores y los deja marchar.

La consecuencia directa ideal tras haber desarrollado nuestra “fortaleza mental” sería la consecución del triunfo, pero lo cierto es que no siempre se gana. En los momentos de derrota, ésta impide que caigamos y a la vez, ayuda a que consigamos el objetivo máximo que nos habíamos propuesto.

Escrito por Carlos Peral

Síguele en Twitter: @PsiCarpe

Fuente de la foto: Freepiks

En consulta

PsyMate, el objetivo: salud mental y autonomía.

Os presento una aplicación muy interesante a nivel profesional y personal. Se trata de PsyMate, una aplicación (APP) elaborada y difundida por la Universidad de Maastricht para los pacientes de salud mental, disponible para Android.

No os parecerá inicialmente una idea nueva, lo cierto es que se asemeja a un autorregistro cognitivo-conductual virtual, pero la idea no queda ahí.

¿Cómo funciona?

El profesional escoge las variables sobre las que el paciente tendrá que contestar según su sintomatología, y a continuación, se establece el número de veces al día en que la aplicación generará un aviso aleatorio. Cuando este aviso suena, el paciente debe responder según una escala a las emociones, contexto y sensaciones que se hayan determinado.

Pongamos un ejemplo:

Jesús lleva dos años con antidepresivos diarios y le gustaría dejar de tomarlos de vez en cuando, pero ¿Cómo hacerlo? Acude al psiquiatra de la Sanidad Pública, pero no existe la posibilidad de tener sesiones semanales para poder adaptar la medicación a la perfección, ni es posible llevar a cabo una terapia psicológica continuada…¿Qué puede aportar esta aplicación? 

Cuando acude al psiquiatra, éste puede definir que durante una semana al mes, Jesús registre el nivel en que siente: estrés, ánimo bajo, insomnio, menos apetito, contexto estresante, actividades agradables; al menos 3 veces por día. De este modo durante los 3 primeros meses Jesús lleva a cabo su propio registro con sus propios objetivos: lograr ser autónomo con sus emociones y manejar su tratamiento. Cuando acude a la consulta, el psiquiatra sólo tiene que mirar el gráfico y ayudar a Jesús a buscar puntos importantes en común con su ánimo y su vida diaria. Le propone los cambios que podría ir realizando con la medicación, poco a poco, y Jesús de un modo intuitivo y según éste registro, aprende a detectar momentos de necesidad farmacológica, y momentos en los que no parece necesaria a lo largo de un año normal. 

Como se puede ver, esta intuitiva aplicación usa los conceptos básicos que desde la psicología sabemos que funcionan:

  • Ayuda al paciente de un periodo en que su foco de atención es su propio comportamiento y sus emociones.
  • Aprovecha la motivación personal del paciente para lograr sus propios objetivos.
  • Se trata de atender las emociones, comprenderlas y decidir si son más o menos intensas que en otras ocasiones, y buscar un punto en común con su propio contexto.
  • Utiliza los conocimientos categóricos y dimensionales, aplicándolos en un modelo de caso único.
  • Es un método sencillo y muy eficiente que no interfiere en la vida diaria del paciente,

Desde mi opinión y a falta de haberla utilizado, me da la sensación de que puede ser muy útil y puede evitar muchas sesiones innecesarias de búsqueda de información en incómodos autorregistros poco útiles. Yo, al menos, intuyo que no tardaré mucho en auto-aplicarmela y más adelante utilizarla con pacientes concretos que puedan beneficiarse.

Si os interesa conocer algo más de ésta aplicación, aquí os dejo el link: http://www.psymate.eu/

Inteligencia emocional

S.O.S exámenes en la Universidad

Si el anuncio de “la vuelta al cole” es el himno del fin de las vacaciones para los niños, el día 1 de Septiembre debería ser el día Mundial del pánico universitario. Contemos el hipotético caso de Daniel, estudiante de 1º en… ¿Psicología?

De pronto (de verdad, de repente, sin avisar ni nada) aparece Septiembre, y con él, los “Me quedan sólo 10 días… tengo que ponerme más” “Bueeno, puedo dejarme Psicobiología para el año que viene…”, “Uf… no he tocado ésta, pero yo creo que en dos días me da tiempo” “Primero organizo y mañana empiezo a estudiar”. En este punto, Daniel siente un ligero estrés, que le proporciona el empujón necesario para que ese día se lo pase entero entre montañas de papeles, organizando, quitando, subrayando, buscando, preguntando a compañeros el nombre del profesor y que entra… Bien, con éste estrés, al que llamaremos EUSTRÉS, Daniel logra estar atento, tiene energía, se siente algo más concentrado, incluso tiene cierto entusiasmo por aprobar y lograr sacar los exámenes que se propone, se siente creativo y se le ocurre hacer un planing para sacar todo. Daniel, en este punto considera que tiene suficientes recursos como para afrontar la demanda que tiene delante por lo que está casi entusiasmado con su reto.

Llega el segundo día, y con él, el odiado momento de sentarse en silencio y… estudiar, simple y llanamente, comprender y memorizar. En este punto Daniel continúa con entusiasmo, pero pasa la mañana, y su planing no se ve cumplido, va más lento de lo que debería. Continúa y el día no parece “cundir” como debería, se nota más nervioso, le cuesta concentrarse, de pronto se ve a sí mismo sin beca para el año siguiente, sin dinero para pagar y por tanto no siendo psicólogo nunca en su vida… “¡Dios, no voy a sacar nada este año, no estoy estudiando nada!” “Voy a suspender todo seguro”. En este punto Daniel tiene estrés, pero a éste se le llama DISTRÉS, es decir, una energía que no le permite concentrarse, está demasiado nervioso, no logra pensar con claridad y los pensamientos e imágenes negativas le llenan la cabeza. Daniel, en este momento, piensa que ni tiene, ni tendrá los recursos suficientes como para afrontar la demanda, de pronto, los exámenes son una gran amenaza.

El caso hipotético de Daniel no es tan raro, es el caso de muchos alumnos estos días y me ayuda a poner en palabras fáciles la sintomatología del estrés en una situación como son los exámenes. Como hemos visto, el estrés puede aparecer de dos modos, como eutrés (o estrés bueno) que ayuda a pensar en una demanda como un reto para el que podemos llegar a tener los recursos de afrontamiento, o como distrés (o estrés malo), por el que pensamos en la demanda como una amenaza para la que no estamos preparados. Es este segundo caso el problemático a la hora de enfrentar un periodo tan difícil y largo como es el de los exámenes.

¿Cual es el problema? ¿La dificultad de los exámenes, que están muy pegados o muy separados, el profesor, la materia? La verdad es que todo esto son variables que tendremos en cuenta, pero lo realmente importante en este momento es la interpretación que hacemos de la situación. Cuando los pensamientos negativos aparecen y preponderan en la mente, incluso la pregunta más fácil puede parecer un galimatías, y los nervios pueden impedir el estudio. Cuando este distrés permanece y se intensifica, es cuando se le denomina “Ansiedad ante los exámenes”, es decir, cuando sistemáticamente la persona (por muy preparada que esté) tiene una sintomatología ansiosa como taquicardias, dificultades para respirar, para dormir, temblores, náuseas, sensación de ahogo o mareo, miedo intenso al intentar afrontar el examen y por tanto, la ansiedad interfiere seriamente en el propósito de hacer el examen. 

¿Se puede evitar llegar a ese punto? En algunos casos puede que necesiten ayuda de un psicólogo, pero en otros casos, es posible adaptarse al ritmo de estos macabros periodos de exámenes:

  • Es evidente, pero hay que preparar todo el contenido y empezar a planificar con tiempo los exámenes, ayuda mucho, tanto objetiva como subjetivamente.
  • Si vas bien preparado, y aparecen pensamientos negativos, préstales atención un momento pero busca razones en contra de ellos, por ejemplo “no voy a lograr aprobar esto nunca” –> “De momento me cuesta, pero tampoco es que nunca en la vida vaya a aprobar la asignatura, en algún momento me la sacaré”. Busca razones para apoyar el pensamiento más realista y positivo, aquél que no te hace ponerte más nervioso y que te ayuda a estar centrado.
  • Tómate tiempo para descansar, es normal que si has dormido 2 horas, no logres concentrarte al día siguiente. Parece más que improbable estar al 100% de capacidad el 100% del tiempo, ponte metas realistas y con pequeños objetivos entre medias.
  • Procura no pensar en términos de todo o nada, los extremos no ayudan, a veces habrá partes que cuesten más y otras menos, las asignaturas tienen partes y no saber una no implica suspender todo.
  • Mantente en el presente, si de pronto te encuentras pensando en lo que deberías haber hecho o en lo mal que irá todo, para y haz una respiración larga y profunda; mantén tu mente en el momento presente, al fin y al cabo es la que tiene que estudiar.
  • No dejes imprevistos para el día del examen, escribe unas frases que te animen y léelas de vez en cuando, date mensajes positivos y ves con tiempo.

Cada persona tendrá un estilo de afrontamiento distinto para el estrés, y por ello unos tenderán a regular la emoción de ansiedad, otros se dedicarán a estar muchas más horas frente a los apuntes, otros buscarán apoyo social… Aprende de lo que te ayuda en tu caso, y continúa potenciándolo si ha sido positivo; atender a vuestros nervios y apreciarlos, porque son ellos los que os ayudan a despertaros a las 5 de la mañana para estudiar, aprovecharlos y ser justos con vuestro esfuerzo, que los pensamientos negativos no os paren el ritmo.

….Y que la fuerza os acompañe (y un poco de suerte)…

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PSICOLOGÍA EN 150 PALABRAS: ¿Qué significa resiliencia?

La resiliencia es un concepto que se ha investigado muy a fondo en los últimos años, veremos aquellos puntos en los que parece haber acuerdo.

La resiliencia es una característica que poseen las personas para poner en marcha mecanismos adaptativos ante episodios vitales complejos por los que pasa en la infancia o adolescencia (accidentes, fallecimientos, sucesos negativos…) y lograr llevar una vida normal de adulto.

¿Yo soy resiliente? Según algunos artículos, la resiliencia sería más habitual en los humanos de lo que parece, funcionando cuando lo hace el “grupo” que rodea a la persona, por lo que si todo falla es posible que no se desarrolle la resiliencia, con todo aquello que implicaría: competencia intelectual, habilidades de autorregulación, autocuidados positivos, motivación intrínseca para el éxito, autoeficacia, etc.

Capacidades como la resiliencia se presentan como muy interesantes tanto para investigar como para entrenar en la prevención de ciertos problemas psicológicos.

En consulta

SECRETO PROFESIONAL

Todas las personas tienen derecho a la intimidad, sin embargo el secreto profesional tiene unas características propias dentro de la terapia psicológica.

Legalmente, según el artículo 199.2 del Código Penal, vulnerar el secreto profesional es un delito, excepto en los casos en los que se ha de denunciar un hecho delictivo. Uno de estos casos es aquel en el que el psicólogo tenga conocimiento de delitos públicos (a diferencia de abogados y sacerdotes que quedan en un apartado especial), veamos algún ejemplo:

  • El psicólogo llega a tener conocimiento del abuso o maltrato de un menor por parte de un mayor de edad.
  • El paciente manifiesta un plan próximo y elaborado para dañar fisicamente a otra persona o a sí mismo.
  • El paciente declara mantener a otra persona recluida contra su voluntad.
  • El psicólogo es llamado a un Tribunal como testigo y se hace imprescindible y obligatoria la vulneración del secreto profesional.

En este último ejemplo, radica una de las diferencias entre el Psicólogo Clínico y un Psicólogo Forense, este último está al servicio de la Justicia o de un cliente particular como perito experto, y el fin último de su intervención suele ser el de aportar un informe a un proceso judicial. En el caso del psicólogo forense, por tanto, el secreto profesional no se aplica del mismo modo que en la clínica en la que el fin último es el tratamiento psicológico de la persona.

La causa más habitual por la que se transmite información confidencial a otras personas u organismos, es cuando así lo consiente el propio paciente. Sólo si el caso es de máxima seriedad y no se logra este consentimiento se podrá vulnerar el secreto profesional, como hemos visto anteriormente. Si el paciente firma un consentimiento informado por el que accede a que el terapeuta comparta cierta información o toda, sobre su caso, así lo hará el terapeuta; como por ejemplo:

  • Un menor adolescente accede a que se comparta toda su información con sus tutores.
  • El psicólogo considera necesaria la colaboración del cónyuge en un momento de la terapia y el paciente accede a compartir cierta información.
  • El paciente, mayor de edad, accede a que el psicólogo declare como testigo y compartiendo cualquier información que le sea requerida sobre la terapia.

Como en cualquier tema relacionado con deberes, derechos y en el que existen leyes al respecto, se ha de ser prudente al tomar cualquier decisión; la prudencia y la consulta con otro profesional deberían ser los principios básicos ante cualquier caso que suscite dudas.

En caso de que seas paciente, y no tengas claros los límites del secreto profesional o si éste puede estar llevando a cabo una buena praxis, consulta a tu terapeuta o al colegio de profesionales correspondiente.

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PSICOLOGÍA EN 150 PALABRAS: Voy siempre con prisas…

Hay personas que suelen llegar tarde a las citas, otras que entregan sus obligaciones en el último momento, algunas dicen trabajar mejor bajo presión y otras que simplemente acumulan deberes porque se entretienen con cosas mejores que hacer… Si te has sentido identificado con todos estos comportamientos, tengo una palabra para tí: procrastinación.
A grandes rasgos, es la tendencia de algunas personas a posponer continuamente las obligaciones o tareas que resultan poco agradables, y realizar otras más amenas.
Como consecuencia de esto, las tareas se realizan deprisa y con estrés, la persona se siente culpable por no lograr cambiar, se crea un ambiente de desorganización y una sensación de incapacidad.
Poner plazos realistas, crear una lista de prioridades o manejar los estimulos distractores pueden ser soluciones para comenzar a mejorar, aunque lo primero que te deberías preguntar es: ¿Estoy preparado para cambiar? Ningún cambio es posible sin conciencia de problema y esfuerzo diario.