Inteligencia emocional

S.O.S exámenes en la Universidad

Si el anuncio de “la vuelta al cole” es el himno del fin de las vacaciones para los niños, el día 1 de Septiembre debería ser el día Mundial del pánico universitario. Contemos el hipotético caso de Daniel, estudiante de 1º en… ¿Psicología?

De pronto (de verdad, de repente, sin avisar ni nada) aparece Septiembre, y con él, los “Me quedan sólo 10 días… tengo que ponerme más” “Bueeno, puedo dejarme Psicobiología para el año que viene…”, “Uf… no he tocado ésta, pero yo creo que en dos días me da tiempo” “Primero organizo y mañana empiezo a estudiar”. En este punto, Daniel siente un ligero estrés, que le proporciona el empujón necesario para que ese día se lo pase entero entre montañas de papeles, organizando, quitando, subrayando, buscando, preguntando a compañeros el nombre del profesor y que entra… Bien, con éste estrés, al que llamaremos EUSTRÉS, Daniel logra estar atento, tiene energía, se siente algo más concentrado, incluso tiene cierto entusiasmo por aprobar y lograr sacar los exámenes que se propone, se siente creativo y se le ocurre hacer un planing para sacar todo. Daniel, en este punto considera que tiene suficientes recursos como para afrontar la demanda que tiene delante por lo que está casi entusiasmado con su reto.

Llega el segundo día, y con él, el odiado momento de sentarse en silencio y… estudiar, simple y llanamente, comprender y memorizar. En este punto Daniel continúa con entusiasmo, pero pasa la mañana, y su planing no se ve cumplido, va más lento de lo que debería. Continúa y el día no parece “cundir” como debería, se nota más nervioso, le cuesta concentrarse, de pronto se ve a sí mismo sin beca para el año siguiente, sin dinero para pagar y por tanto no siendo psicólogo nunca en su vida… “¡Dios, no voy a sacar nada este año, no estoy estudiando nada!” “Voy a suspender todo seguro”. En este punto Daniel tiene estrés, pero a éste se le llama DISTRÉS, es decir, una energía que no le permite concentrarse, está demasiado nervioso, no logra pensar con claridad y los pensamientos e imágenes negativas le llenan la cabeza. Daniel, en este momento, piensa que ni tiene, ni tendrá los recursos suficientes como para afrontar la demanda, de pronto, los exámenes son una gran amenaza.

El caso hipotético de Daniel no es tan raro, es el caso de muchos alumnos estos días y me ayuda a poner en palabras fáciles la sintomatología del estrés en una situación como son los exámenes. Como hemos visto, el estrés puede aparecer de dos modos, como eutrés (o estrés bueno) que ayuda a pensar en una demanda como un reto para el que podemos llegar a tener los recursos de afrontamiento, o como distrés (o estrés malo), por el que pensamos en la demanda como una amenaza para la que no estamos preparados. Es este segundo caso el problemático a la hora de enfrentar un periodo tan difícil y largo como es el de los exámenes.

¿Cual es el problema? ¿La dificultad de los exámenes, que están muy pegados o muy separados, el profesor, la materia? La verdad es que todo esto son variables que tendremos en cuenta, pero lo realmente importante en este momento es la interpretación que hacemos de la situación. Cuando los pensamientos negativos aparecen y preponderan en la mente, incluso la pregunta más fácil puede parecer un galimatías, y los nervios pueden impedir el estudio. Cuando este distrés permanece y se intensifica, es cuando se le denomina “Ansiedad ante los exámenes”, es decir, cuando sistemáticamente la persona (por muy preparada que esté) tiene una sintomatología ansiosa como taquicardias, dificultades para respirar, para dormir, temblores, náuseas, sensación de ahogo o mareo, miedo intenso al intentar afrontar el examen y por tanto, la ansiedad interfiere seriamente en el propósito de hacer el examen. 

¿Se puede evitar llegar a ese punto? En algunos casos puede que necesiten ayuda de un psicólogo, pero en otros casos, es posible adaptarse al ritmo de estos macabros periodos de exámenes:

  • Es evidente, pero hay que preparar todo el contenido y empezar a planificar con tiempo los exámenes, ayuda mucho, tanto objetiva como subjetivamente.
  • Si vas bien preparado, y aparecen pensamientos negativos, préstales atención un momento pero busca razones en contra de ellos, por ejemplo “no voy a lograr aprobar esto nunca” –> “De momento me cuesta, pero tampoco es que nunca en la vida vaya a aprobar la asignatura, en algún momento me la sacaré”. Busca razones para apoyar el pensamiento más realista y positivo, aquél que no te hace ponerte más nervioso y que te ayuda a estar centrado.
  • Tómate tiempo para descansar, es normal que si has dormido 2 horas, no logres concentrarte al día siguiente. Parece más que improbable estar al 100% de capacidad el 100% del tiempo, ponte metas realistas y con pequeños objetivos entre medias.
  • Procura no pensar en términos de todo o nada, los extremos no ayudan, a veces habrá partes que cuesten más y otras menos, las asignaturas tienen partes y no saber una no implica suspender todo.
  • Mantente en el presente, si de pronto te encuentras pensando en lo que deberías haber hecho o en lo mal que irá todo, para y haz una respiración larga y profunda; mantén tu mente en el momento presente, al fin y al cabo es la que tiene que estudiar.
  • No dejes imprevistos para el día del examen, escribe unas frases que te animen y léelas de vez en cuando, date mensajes positivos y ves con tiempo.

Cada persona tendrá un estilo de afrontamiento distinto para el estrés, y por ello unos tenderán a regular la emoción de ansiedad, otros se dedicarán a estar muchas más horas frente a los apuntes, otros buscarán apoyo social… Aprende de lo que te ayuda en tu caso, y continúa potenciándolo si ha sido positivo; atender a vuestros nervios y apreciarlos, porque son ellos los que os ayudan a despertaros a las 5 de la mañana para estudiar, aprovecharlos y ser justos con vuestro esfuerzo, que los pensamientos negativos no os paren el ritmo.

….Y que la fuerza os acompañe (y un poco de suerte)…

En consulta

SECRETO PROFESIONAL

Todas las personas tienen derecho a la intimidad, sin embargo el secreto profesional tiene unas características propias dentro de la terapia psicológica.

Legalmente, según el artículo 199.2 del Código Penal, vulnerar el secreto profesional es un delito, excepto en los casos en los que se ha de denunciar un hecho delictivo. Uno de estos casos es aquel en el que el psicólogo tenga conocimiento de delitos públicos (a diferencia de abogados y sacerdotes que quedan en un apartado especial), veamos algún ejemplo:

  • El psicólogo llega a tener conocimiento del abuso o maltrato de un menor por parte de un mayor de edad.
  • El paciente manifiesta un plan próximo y elaborado para dañar fisicamente a otra persona o a sí mismo.
  • El paciente declara mantener a otra persona recluida contra su voluntad.
  • El psicólogo es llamado a un Tribunal como testigo y se hace imprescindible y obligatoria la vulneración del secreto profesional.

En este último ejemplo, radica una de las diferencias entre el Psicólogo Clínico y un Psicólogo Forense, este último está al servicio de la Justicia o de un cliente particular como perito experto, y el fin último de su intervención suele ser el de aportar un informe a un proceso judicial. En el caso del psicólogo forense, por tanto, el secreto profesional no se aplica del mismo modo que en la clínica en la que el fin último es el tratamiento psicológico de la persona.

La causa más habitual por la que se transmite información confidencial a otras personas u organismos, es cuando así lo consiente el propio paciente. Sólo si el caso es de máxima seriedad y no se logra este consentimiento se podrá vulnerar el secreto profesional, como hemos visto anteriormente. Si el paciente firma un consentimiento informado por el que accede a que el terapeuta comparta cierta información o toda, sobre su caso, así lo hará el terapeuta; como por ejemplo:

  • Un menor adolescente accede a que se comparta toda su información con sus tutores.
  • El psicólogo considera necesaria la colaboración del cónyuge en un momento de la terapia y el paciente accede a compartir cierta información.
  • El paciente, mayor de edad, accede a que el psicólogo declare como testigo y compartiendo cualquier información que le sea requerida sobre la terapia.

Como en cualquier tema relacionado con deberes, derechos y en el que existen leyes al respecto, se ha de ser prudente al tomar cualquier decisión; la prudencia y la consulta con otro profesional deberían ser los principios básicos ante cualquier caso que suscite dudas.

En caso de que seas paciente, y no tengas claros los límites del secreto profesional o si éste puede estar llevando a cabo una buena praxis, consulta a tu terapeuta o al colegio de profesionales correspondiente.